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Experiencia y retención estudiantil en educación superior: ¿cómo tomar decisiones basadas en datos?

Educación Superior

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La permanencia estudiantil es uno de los principales desafíos que enfrentan hoy las instituciones de educación superior en Argentina. De los nuevos inscriptos en 2022, apenas el 57,6% continuó sus estudios en 2023. En las instituciones privadas, la cifra asciende al 64%, pero aún queda un amplio margen de mejora.

 

Al mismo tiempo, en la última década las inscripciones a carreras de grado y pregrado crecieron un 132%. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿cómo se puede sostener la permanencia de quienes ingresan? Para esto es importante indagar, evaluar y entender sobre la experiencia de nuestros estudiantes.

 

¿Qué entendemos por experiencia estudiantil?

 

La experiencia estudiantil no se limita a lo académico, se trata de la forma en que el estudiante percibe y valora la institución y, por lo tanto, puede influir en su elección y recomendación. Comprende todo el recorrido que vive un alumno, desde el momento en que se inscribe hasta su egreso, y que se ve afectado por diversos aspectos académicos, sociales y de acompañamiento institucional.

 

  • Académicos: Involucra factores como la oferta curricular, la calidad de los docentes, los recursos didácticos disponibles y los resultados de aprendizaje.
  • La experiencia dentro del campus o establecimiento: Forma parte del aspecto social de la experiencia estudiantil. Comprende los espacios comunes, las actividades culturales y sociales ofrecidas, la cultura institucional.
  • De asesoría y apoyo: El acompañamiento académico, financiero y emocional que permite orientar al estudiante y darle apoyo durante el trayecto educativo.

 

La importancia de medir para mejorar

Entre las principales causas de deserción estudiantil se encuentran las dificultades para adaptarse a la vida universitaria, el paso de la secundaria a la universidad, y la vulnerabilidad económica. Sin embargo, estas pueden variar según la realidad de cada institución.

 

Solo el 33% de las instituciones analiza las razones por las cuales los estudiantes no continúan sus estudios, y apenas un 6% implementa estrategias de mejora. Contar con métricas claras es fundamental para transformar la experiencia educativa.

 

Algunos indicadores útiles para evaluar la experiencia de los estudiantes pueden ser:

  • Índice de satisfacción estudiantil: Encuestas periódicas para conocer cómo valoran los alumnos la calidad docente, los recursos disponibles, el acompañamiento institucional y su vida dentro de la institución.
  • Tasa de retención y deserción: Permite ver cuántos estudiantes continúan en la institución y cuántos abandonan. Un aumento en la tasa de retención suele reflejar mejoras en la experiencia académica y en el soporte brindado.
  • Net Promoter Score (NPS): Evalúa la probabilidad de que un estudiante recomiende la institución a otros. Un NPS alto no solo indica satisfacción, sino también reputación fortalecida y mayor capacidad de atraer nuevos inscriptos.
  • Engagement y participación: Analiza el nivel de involucramiento de los estudiantes en clases, foros, actividades extracurriculares y espacios de formación digital. Una baja participación puede anticipar futuros abandonos.
  • Éxito académico y empleabilidad: Vincula los resultados de aprendizaje y la graduación con la inserción laboral de los egresados. Estos datos reflejan el verdadero impacto de la formación en la vida profesional de los estudiantes.
  • Motivos de baja: Sistematizar las causas por las que los alumnos interrumpen su carrera (económicas, académicas, personales, institucionales) permite diseñar políticas y programas de contención más efectivos.

 

Realizar pruebas constantes, posibles y escalables, permite anticipar problemas, proponer soluciones, diseñar acciones preventivas y generar un entorno que acompañe a los estudiantes en cada etapa.

 

La permanencia estudiantil no depende de un único factor: es el resultado de una experiencia integral que debe medirse, analizarse y mejorarse de manera continua. Las instituciones que logren hacerlo no solo incrementarán sus tasas de retención, sino que también fortalecerán su reputación y competitividad en un contexto educativo cada vez más desafiante.

 

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