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Educación a distancia

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En este artículo, nos ocuparemos de un tema muy vinculado a los que abordamos en los artículos anteriores. Nos referimos al tema de la educación a distancia. ¿Por qué decimos que este tema se relaciona con los anteriores? Básicamente, porque la educación a distancia se encuentra inmersa y forma parte del proceso mayor que llamamos “transformación digital”.

Durante los últimos años, pandemia mediante, las instituciones educativas se han visto obligadas (y, en muchos casos, urgidas) a desarrollar diferentes estrategias y planes de emergencia para hacer frente a la imposibilidad de la presencialidad. Han debido contratar plataformas y distintos tipos de software; han debido modificar o adecuar sus planes de estudios; se han visto forzadas a acelerar el nivel de alfabetización digital de sus agentes...

Pese a los incontables obstáculos a los que nos sometió en todos los planos de la vida, una de las grandes enseñanzas que nos dejó la última pandemia se relaciona con la caída de un prejuicio ampliamente extendido hasta no hace mucho: no es estrictamente necesario asistir de manera presencial a clases para poder aprender. La educación a distancia constituye una opción válida y valiosa, y, bien implementada, puede resultar igual de eficaz.

Ahora bien, ¿a qué llamamos “educación a distancia”?

La educación a distancia, online, en línea o remota, supone una innovadora forma de aprender y de enseñar. En ella, el proceso de enseñanza-aprendizaje se sirve y se nutre de las nuevas tecnologías (y de todas las potencialidades que estas traen consigo) y se adecua a las características y a las condiciones del mundo digital. Gracias a las instancias de educación a distancia o en línea, los alumnos y los docentes pueden conectarse unos con otros, desde sus dispositivos (computadoras, teléfonos celulares, tabletas, etc.), a través de Internet, en cualquier momento y desde cualquier lugar del mundo.

Las ventajas de este tipo de propuestas formativas saltan a la vista: flexibilidad, comodidad, participación, autonomía… En la educación a distancia o en línea, los estudiantes pueden acceder a los materiales, recursos y actividades según sus propios tiempos y ritmos, lo cual les permite organizar sus cronogramas de trabajo y adquirir mayor protagonismo en la autorregulación de su tiempo y de sus esfuerzos.

Los horarios fijos de cursada y la necesidad del desplazamiento físico hasta una institución dejan de ser un obstáculo o un impedimento.

El aprendizaje remoto hace posibles tanto la adaptabilidad como la personalización: cada alumno avanza en el trayecto formativo conforme sus posibilidades concretas.

Claro que, de manera simultánea, la educación a distancia le otorga mayor protagonismo (y, con ello, también mayor responsabilidad) al alumno. Al poner el acento en él como sujeto central del proceso de enseñanza-aprendizaje, la educación en línea pide del alumno un mayor compromiso y un mayor involucramiento en la construcción tanto individual como colaborativa del conocimiento. Todo esto se ha visto enormemente favorecido en los últimos tiempos con la incorporación de las así llamadas “metodologías participativas” (la clase invertida, el aprendizaje basado en problemas, el storytelling, la gamificación, etc.).

 

Y vos, ¿alguna vez participaste de alguna instancia de educación a distancia?

 

Quinttos.

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